Hoy vivimos en la “Era de la Información”, que es un periodo histórico
caracterizado por una revolución tecnológica, centrada en las tecnologías digitales
de información y comunicación. Es un proceso
de transformación multidimensional (que tiene varios aspectos); que a la vez es
incluyente y excluyente, en función de los valores e intereses dominantes a
cada proceso, en cada país y en cada organización social.
La era de la información no
determina un curso único de la historia humana. Sus consecuencias, sus características
dependen del poder de quienes se benefician en cada una de las múltiples
opciones que se presentan a la voluntad humana.
Las redes sociales son tan antiguas
como la humanidad misma, pero ha cobrado vida bajo el informacionalismo porque
las nuevas tecnologías realzan la flexibilidad inherente a las redes.
Antes de continuar creemos
necesario definir que es Información
y comunicación:
Información: Está constituida por un grupo de datos ya supervisados y ordenados,
que sirven para construir un mensaje basado en un cierto fenómeno o ser. La
información permite resolver problemas y tomar decisiones ya que su
aprovechamiento racional es la base del conocimiento.
Comunicación: Procede del latín communicare (hacer a otro participe de lo que uno
tiene). La comunicación es la acción de comunicar o comunicarse, se entiende
como el proceso por el que se trasmite y recibe una información. Todo ser
humanos y animal tiene la capacidad de comunicarse con los demás.
Las redes tienden a
reconfigurarse: eliminan algunos y añaden otros nuevos y productivos. Las redes
operan según una lógica binaria d inclusión/exclusión.
La difusión y desarrollo de
este sistema tecnológico ha cambiado la base material de nuestras vidas, por
tanto la vida misma, en todos sus aspectos: en cómo producimos, cómo y en que
trabajamos, cómo y qué consumismo, cómo nos educamos, cómo nos
informamos/entretenemos, cómo vendemos, cómo nos arruinamos, cómo gobernamos,
cómo hacemos la guerra y la paz. Cómo nacemos y cómo morimos, y quién manda,
quien se enriquece, quién explota, quién sufre y quién se margina.
Las nuevas tecnologías de
información no determinan lo que pasa en la sociedad, pero cambian tan
profundamente las reglas del juego que debemos aprender de nuevo,
colectivamente, cuál es nuestra realidad, o sufriremos individualmente el
control de los pocos (países o personas) que conozcan los códigos de acceso a
las fuentes de saber y poder.
Por ello no podemos
desarrollar su dimensión creativa y escapar de sus efectos potencialmente devastadores
sin afrontar colectivamente quiénes somos y qué queremos.
Los medios de comunicación
tienen mucho que ver. Todos sabemos que las malas noticias son más noticia.
Usted utiliza Internet, y sus hijos, también; pero resulta más interesante
creer que está lleno de terroristas, de pornografía... Pensar que es un factor
de alienación resulta más interesante que decir: Internet es la extensión de su
vida.
En la sociedad de internet,
lo complicado no es saber navegar, sino saber dónde ir, dónde buscar lo que se
quiere encontrar y qué hacer con lo que se encuentra. Y esto requiere
educación.
Al permitirnos acceder a toda
la información, aumenta la incertidumbre, pero al mismo tiempo es un
instrumento clave para la autonomía de las personas. Cuanto más autónoma es una
persona, más utiliza internet, con mucha más frecuencia e intensidad, reforzando
su autonomía, pero menos se fía de las instituciones.
Hay un desfase entre la
capacidad tecnológica y la cultura política. Muchos municipios han puesto Wifi de acceso, pero si al mismo tiempo no son capaces de articular un
sistema de participación, sirven para que la gente organice mejor sus propias redes,
pero no para participar en la vida pública. El problema es que el sistema
político no está abierto a la participación, al diálogo constante con los y las
ciudadanas, a la cultura de la autonomía, y por tanto, estas tecnologías lo que
hacen es distanciar todavía más la política de la ciudadanía.
Para las y los de izquierda las redes sociales son un instrumento más para estar cerca de las grandes mayorías y una prueba de lo que se puede hacer cuando los medios no tienen dueños, no son privados, son propiedad social, son una trinchera y desde ahí podemos seguir disparando, la batalla de las ideas se debe librar en todos los campos y en las Redes Sociales, NO NOS DEBEMOS CALLAR!
Para las y los de izquierda las redes sociales son un instrumento más para estar cerca de las grandes mayorías y una prueba de lo que se puede hacer cuando los medios no tienen dueños, no son privados, son propiedad social, son una trinchera y desde ahí podemos seguir disparando, la batalla de las ideas se debe librar en todos los campos y en las Redes Sociales, NO NOS DEBEMOS CALLAR!


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