La fuerza de cualquier organización está en la construcción colectiva, la cual
se relaciona con múltiples factores, a partir de una realidad determinada,
concreta.
Podemos destacar 2
elementos que consideramos claves:
1.- La formación de la conciencia, de la organización de sus
miembros y
2.- La capacidad de movilización y lucha.
La fuerza también está en los principios éticos y
morales revolucionarios, está en la efectividad y solidaridad con otros
sectores sociales, en la capacidad de alianzas con otras fuerzas en lucha.
La historia continúa, porque la lucha del pueblo que la
mueve está siendo construida cada vez que la llevamos adelante.
El término de una acción debe despertar una infinidad
de otras acciones.
Como primera acción es crear la organización, que será el instrumento para
alcanzar el objetivo trazado. Y parte de la organización es conseguir la unidad,
ésta se logra cuando se respetan las opiniones y la sometemos a la voluntad de
la mayoría, llamamos a esto “centralismo democrático”.
Esto no significa que
todos deben pensar iguales, ni quien fue derrotado debe renegar de sus ideas. La unidad
implica tener derecho a disentir, sin impedir la organización de las acciones,
obedeciendo, respetando siempre la
voluntad de las mayorías. En el plano estratégico tenemos “Unidad”, en las tácticas tenemos “Flexibilidad”.
La organicidad es el elemento fundamental para
que las bases puedan participar de la democracia. Es la relación que debe tener
una parte con la otra de la misma organización. Aunque las tareas sean
diferentes, las partes tienen la misma importancia.
Toda dirección democrática debe funcionar de forma
colectiva, debe contar con conocimientos y nivel de conciencia política
elevada.
Visto de otra forma, la organización que solo califica
solo a uno o algunos líderes corre el riesgo de destrucción por el
subjetivismo, el oportunismo o por la represión.
Para defender las ideas revolucionarias no se puede
depender de una sola persona. Todo debe ser obra colectiva, aún cuando las
habilidades individuales sean destacables.
Formar cuadros
significa incorporar a los/as luchadores/as en toda planificación y toma
decisiones. Dirigir
es tomar decisiones. Todo dirigente debe ser autodidacta.
La organización tiene normas, estatutos, etc, criterios
que deben ser observados por todos/as. La observación de éstos debe ser
consciente, por eso no reclama del sacrificio o del esfuerzo que debe realizar.
Para llegar a la disciplina consciente se debe buscar la formación de la consciencia.
En este
sentido la
disciplina garantizará el principio de la “Unidad”. La disciplina también
fortalece la convicción del respeto y del compromiso con los demás miembros de
la organización y de la sociedad.
En el trabajo de base es fundamental
comprender en que cree el pueblo y por qué cree; así
como respetar sus símbolos, creencias y valores, buscando darles un nuevo
contenido a través de la reflexión. Ignorar el lenguaje es causar problemas, es
violentar la cultura y crear resistencia en la relación entre los
trabajadores/as.
Es fundamental evitar el asistencialismos en el trabajo de masas, ya que trae
consecuencias graves para el futuro, debilita la organización. El
asistencialismo sirve para líderes personalistas, transformar al líder en una figura más
importante que las instancias y la propia organización; evita consolidar el
método de dirección democrático y participativo.
Dirigir es entrenar para que los/as militantes tengan
capacidad para desarrollar las actividades perfectamente, sin cometer errores
graves. Esto multiplica los conocimientos y la capacidad de multiplicar a los
militantes, para asumir diversas tareas en el fortalecimiento de la
organización.

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