Hoy tocaremos la historia, para conocerla
y no repetirla. Hablaremos del dictador Maximiliano Hernández Martínez.
Nació el 29 de octubre de 1885, de
padres campesinos y vivían en San Matías, La Libertad. Max, como era conocido, se trasladó a San
Salvador para estudiar en un colegio con la ayuda de su tío tras el fallecimiento
de sus padres; donde se graduó de bachiller. Se trasladó a Guatemala donde
inició su vida militar, consiguiendo el título de Teniente; que al adquirirlo
decidió que era momento de volver a El Salvador.
Tras su regreso al país, ingresó a la
Universidad de El Salvador (UES) en
la facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales. Abandonó la carrera y volvió
a su pasión: “las armas”. En su carrera militar acumuló varios títulos: Capitán
Mayor, grado
con el cual participó en la guerra en Ciudad Guatemala bajo las órdenes del
presidente salvadoreño Tomás Regalado. Fue General de Brigada, lo que le
permitió posteriormente ser Ministro de
Guerra de la Marina y Aviación.
En 1930 fue vicepresidente de Arturo
Araujo, Sin embargo no dudo en derrocarlo cuando la clase alta (Burguesía) se
lo planteó, ya que el presidente Araujo no le aseguraba salvaguardar los bienes
económicos que se habían hecho en los últimos años dichas familias, tras la
nueva reforma económica que se había establecido en el país.
Sus creencias
Hernández Martínez es recordado entre
otras cosas por sus creencias poco comunes para esa época. Uno de sus hijos
murió de apendicitis por ser tratado con aguas azules (aguas azules expuestas
al sol) que le daba de tomar a su hijo. Fue
vegetariano, a pesar de tener un régimen de ejercicios muy estricto.
Se cree que era
un fiel seguidor de los modelos de Hitler y que mantenía conversaciones con él,
compartía algunas ideas acerca de como fortalecer el sistema económico del
país. Su dictadura y la manera en que convencía al
pueblo, son algunas de las características que Martínez ensalzaba del dictador
alemán. “Martínez sentía admiración por el fascismo italiano y alemán, pero estratégicamente
unió a El Salvador a los aliados durante la Segunda Guerra Mundial (SGM), para ganar la acogida americana”
Para 1931 se vio en vuelto en un movimiento que se
inició para derrocar a Arturo Araujo, por considerarlo
ineficiente, por no cumplir sus promesas de campaña y no poder lidiar con la
devaluación del café, que en aquella época era el que generaba más ingresos al
país. Esto hizo que los terratenientes apoyaran a Martínez. El 2 de diciembre
de 1931 se realizó el golpe de estado contra Araujo y sucedido por Hernández
Martínez, que tomó el poder el mismo día. De 1931 a 1935 obtuvo el poder tras
votaciones fraudulentas. Bajo su mandato dejó la democratización que con el
presidente anterior se estaba buscando instalar en El Salvador.
El periodo de mandato tras las
elecciones de 1935 duró cuatro años, después uno de seis años y en 1939, para
su tercer periodo Martínez confesó que haría una reforma en la constitución y
que asumiría un tercer periodo sin realizar elecciones, los que lo apoyaban reaccionaron
mal.
Etnocidio campesino.
Maximiliano contaba con el apoyo de las
familias más ricas y todos los terratenientes del país. Compartían los ideales que éste perseguía y
apoyaban cada idea
que les asegurara seguir teniendo la misma cantidad de tierras que poseían, y
si había posibilidad de tener más no iba a haber ningún obstáculo que se lo
impidiera, esto era lo que Martínez ofrecía.
Tras la masacre del “32”quedó claro que
su mandato se basó en la enajenación de los indígenas y de los frentes
comunistas; ya que Martínez simpatizaba con los terratenientes y buscaba generar
la transmisión de valores burgueses y conservar una economía capitalista y las
clases. Se expropiaron las tierras comunales y ejidales, dejando a los indígenas y campesinos sin nada, pero para obligarlos a trabajar, se decreto la "Ley contra la Vagancia", donde obligaban a los que fueron expulsados de su propia tierra a trabajar en las propiedades que fueron tomadas por la fuerza por los terratenientes, una nueva modalidad de esclavitud se implanto en aquel tiempo, muchos hombres y mujeres, trabajaban apenas para obtener el sustento diario, sin ninguna otra ganancia, a los indigenas no les tocaba de otra que aprender a hablar español, porque el Nahuatl estaba prohibido, hablar como indio, vestirse como indio, era causa de muerte; si tenían suerte, se volvían colonos y les daban un espacio para que sembraran su maíz y frijol en tiempo de cosecha, pero siempre debían cumplir con el mantenimiento de fincas y propiedades de los patronos.
La sublevación ocurrió debido a las injusticias
sociales que existían, a pesar que ya había algunas características del
liberalismo en El Salvador. Era
necesario un partido político que apoyara a los más desprotegidos del país. En 1930 se creó el primer Partido Comunista liderado por
Farabundo Martí. Para las elecciones de 1932 los indígenas y campesinos
se levantaron en contra del gobierno, ya que alegaban que el Partido Comunista
había tenido más votos. El 22 de enero, armados de machetes, miles de indígenas
y campesinos que componían el movimiento se tomaron haciendas y cuarteles en
los municipios de Juayúa, Teotepeque, Nahuizalco, Izalco y Tacuba. La respuesta
del estado fue intimidarlos, a cada uno de los dirigentes del partido comunista
que eran encontrados eran fusilados, con
el fin de que los demás entendieran cual sería su destino de seguir con la
sublevación. Los indígenas que quedaron vivos debieron aceptar la abolición de las tierras comunales
y fueron obligados a dar prestaciones forzosas de trabajo.
Este evento marcó la historia de lucha del país, se
cree que se perdieron alrededor de 30 mil vidas de indígenas y campesinos que
fueron acusados de rebeldes y comunistas.
Hoy la burguesía quiere
mantener sus mismos privilegios de entonces, ya están desnudándose, “Van por la
privatización del agua”

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