Más allá de las batallas y victorias electorales, debemos librar todos los días la batalla estratégica, que es la batalla de las ideas, que no se hace sólo desde el debate teórico sino que se da en el ejercicio real de la ética política. Debemos profundizarla en al menos estas tres dimensiones. 1. Democracia revolucionaria: Debemos seguir trascendiendo lo meramente electoral y avanzar en la consolidación de las experiencias de gobierno popular. Es necesario rescatar la nueva cultura democrática de la crítica, la autocrítica, la contraloría social, la interpelación popular a la cual no le debemos temer, por el contrario la necesitamos para avanzar. Satanizar esta cultura crítica de la democracia revolucionaria, con el banal argumento de que quien critica es un traidor, es matar el espíritu libertario y plural de nuestra revolución. Traidores son los corruptos que nunca critican cuando están en sus mieles. Esos sí son traidores y traidoras. 2. Modelo económic...
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